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Frente a una jornada bisagra
La multitud en la historia
06/04/2017 | Por Mario Abel

Las moderados señalan 10 mil manifestantes en las calles de Viedma durante este primer paro nacional de la CGT y las dos CTA (Autónoma y de los Trabajadores), y los audaces llevan la concurrencia a 20 mil almas marchando contra las políticas neoliberales del gobierno de Mauricio Macri, y el provincial de Alberto Weretilneck, como insistieron los oradores que hablaron a la multitud desde arriba de un camión ubicado en la esquina de la Casa de Gobierno, en la orilla de plaza San Martín.

Más allá de las 10 mil posibilidades existentes que van de una concurrencia de entre 10 mil manifestantes y 20 mil, el hecho político de la manifestación fue tan contundente, que vuelve trivial la discusión de cuántos asistentes a la movilización realmente asistieron.

Detrás de la columna compacta que conformaron los gremios enrolados en la CGT y las dos CTA, a medida que se iban desplazando por la avenida 25 de Mayo, se sumaban personas “sueltas”, es decir sin encuadre sindical o militancia política que los identificara. Cuando la columna llegó a la esquina de 25 de Mayo y Laprida, alrededor de 150 personas (con algunos carteles improvisados y pintados a mano) que estaban parados como esperando un colectivo que nunca llegaría, se sumaron también a la marcha. Dentro de la plaza, pululaban personas, que se reconocían con tal o cual, a medida que veían transitar a la multitudinaria columna.

Para encontrar una movilización realizada en Viedma de tal magnitud, debe bucearse en la historia, y volver a los tristes y duros días del año 1995, cuando los empleados estatales de la Río Negro gobernada en ese entonces por Horacio Massaccessi, estuvieron cinco meses sin cobrar los sueldos. En aquel país, Carlos Menem había privatizado las empresas estatales, la desocupación ascendía al 17 por ciento, y Massaccessi se dejaba ganar con el presidente durante los partidos de tenis que compartían.

Transcurridos 22 años de aquella época donde Menem fue reelecto por más del 50 por ciento de los votos, y el radicalismo comenzaba a hundirse como fuerza nacional detrás de la candidatura de Massaccessi, el país es muy distinto, al igual que la provincia que gobierna Weretilneck.

La dura época del menemismo, el sangriento mes de diciembre del 2001, la recuperación económica que comenzó con el presidente (interino), Eduardo Duhalde, profundizó Carlos Kirchner, y continuó Cristina Fernández de K hasta que se embarcó detrás del proyecto de la “eternidad”, han significado, en el país y en la provincia, un profundo aprendizaje y una acumulación de poder para los sectores populares y los trabajadores.

La político económica neoliberal que criticaron los oradores en el acto subidos al camión (Rodolfo Aguiar, Carlos Molina, Mario Riquelme e incluso Alejandro Gatica que le dio la palabra al “padre, Luis García, que leyó un documento conjunto), tuvieron como destinatarios tanto a Macri como a Weretilneck. Cuando la dirigente de la UNTER, Patricia Cetera, anunció que una jueza laboral porteña ordenó al gobierno nacional convocar a la paritaria, los manifestantes festejaron como si se tratara de un gol en la final del mundo.

La asociación entre el presidente y el gobernador ya no es una consigna del opositor Frente para la Victoria, que con sus legisladores y concejales dijo presente en la jornada, sino un hecho tan real como el momento que se vive.

El análisis para el gobierno, obligado estima el cronista, es cómo hacer frente a semejante demostración de rechazo a las políticas del ajuste, la depreciación del salario como estrategia para contener la inflación, y la estigmatización de la dirigencia sindical que no comulga con el poder y no firma cualquier cosa dentro de cuatro paredes. La marcha, ocurrió en Viedma y no en la ciudad autónoma de Buenos Aires, independientemente de que sí se computaban los insultos, Macri aventajó a Weretilneck.

La idea de que el sindicalismo de escritorio, que encarna el dirigente de UPCN, Juan Carlos Scalesi, es nuevamente una salida, no solo no es realista, sino que roza con el suicidio para el oficialismo. Weretilneck y Juntos somos Río Negro, en un año electoral que además marca su debut en una elección legislativa nacional, debe tomar nota de lo que sucedió en Viedma. No hacerlo, y de continuar todo como hasta ahora en el país y en la provincia, transformarían a octubre cuando llegue la hora de las urnas, en una fecha negra para el oficialismo gobernante.

“La cantidad, también es calidad”, dijo a comienzos de la década del 50 del siglo XX el líder comunista chino, Mao Tse Tung, para explicar la contundencia de una acción de masas, aunque ésta no sea uniforme, no comparta una ideología común, pero sí un mismo enemigo (adversario prefiere decir el cronista, ya que estamos en democracia, pese a la represión que festeja el macrismo).






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